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jueves, 27 de enero de 2011

Escenas y escenas.

Como viene siendo habitual, de vez en cuando hablo sobre otros temas para descansar de la informática. Espero que se me disculpen estas pequeñas infidelidades.

Cuando estamos creando una historia lo más usual es que llegue un momento en el que tengamos la línea argumental completamente especificada. Sabemos qué va a ocurrir y cuándo. Qué personajes están involucrados y qué repercusión tienen sus actos. Sin embargo, hay que concretar todo lo ideado en escenas. Esta fase es el desglose en escenas (scene breakdown) o escaleta.

No puedo decir cómo se hace la escaleta porque, honestamente, no lo sé, pero sí que puedo dar una idea de las escenas con las que vamos a acabar. Son, resumidamente, de tres tipos.
  1. Escenas estructurantes. Son las escenas que dan información sobre la línea argumental. Hacen avanzar la historia o bien mostrando actos de los personajes o bien dándonos información. Ya sabéis, "Luke, yo soy tu padre" no es un acto en sí, pero es un gran trozo de información. Es interesante hacer notar también la llamada clausura. Es lo que no se muestra, pero que el lector o espectador se imagina. Una escena puede no mostrar nada directamente, pero seguir influyendo en la historia debido a que insta al lector a imaginar lo que ha ocurrido. ¿O alguien vio cómo mataron al caballo en El Padrino?
  2. Escenas caracterizantes. Estas escenas no transmiten nueva información sobre la línea argumental, pero sí sobre los personajes. Muestran un aspecto de su personalidad, o ponen a los personajes en una situación en la cual deben mostrar su personalidad. El ejemplo típico serían las escenas iniciales de las películas de James Bond. No suelen tener nada que ver con el resto de la película, pero dejan claro quién es el jefe. Una escena de este tipo también puede servir para crear un ambiente, una situación, describir un lugar o incluso sensaciones. Por ejemplo, esas escenas en las películas de terror que parece que va a pasar algo, que hay alguien en la casa, pero al final sólo es el vecino que ha perdido las llaves.
  3. Escenas irrelevantes. Escenas de relleno que pueden ser quitadas.
Rara vez una escena es de uno de estos tipos únicamente. Lo que sí está claro es que las escenas irrelevantes son las que aburren ya que no contribuyen a la historia. Entiendo que es importante detectar escenas de este tipo (o que sean en gran medida irrelevantes) y tratar de eliminarlas.

domingo, 20 de junio de 2010

Caracterización

De vez en cuando hago un breve cambio de tema para despejar de tanta informática teórica. Esta vez voy a hablar de la caracterización de personajes en historias.

La apariencia

La primera forma de caracterizar a un personaje es mediante su apariencia. Primero la apariencia física: la cara y el cuerpo, y luego con la vestimenta: ropas y objetos que lleve.

Está claro que un matón debe tener una cara algo bruta y un cuerpo muy robusto. Sus ropas nos darán información si es un bruto de barrios bajos o un gangster (algo) más refinado. Finalmente, si lleva una pistola o una navaja también nos va a dar un dato muy descriptivo sobre su carácter.

El lugar

No es lo mismo un doctor con bata blanca en un hospital que el mismo doctor en una biblioteca rodeado de manuscritos antiguos. En el primer caso se dedica a la medicina y en el segundo al estudio de documentos. Así pues, el lugar donde aparece es significativo de cómo es el carácter de un personaje.

Otro detalle importante es el lugar que ocupa un personaje respecto a otros personajes. Si son conocidos la distancia será menor (mucho menor si son íntimos). Si son desconocidos o se llevan mal, guardarán las distancias. Esto es lo que se conoce como proxémixa.

La acción

Definir lo que hace un personaje para caracterizarlo es la parte más compleja de todo su desarrollo. Por esta razón se suele subdividir.

El uso del lugar

Es muy interesante dar a entender que un lugar es o no es del agrado de un personaje según sus acciones en él. Supongamos una fábrica procesadora de carne con los cerdos descuartizados y colgando. Un personaje podría estar muy interesado en la carne, viendo si hay o no grasa en los cuartos traseros, pero también podría estar asustado y nervioso mirando a su alrededor. A fin de cuentas, está rodeado de cadáveres.

Usar un lugar es lo más sencillo para exponer ciertas fobias o filias. Alguien con claustrofobia respirará agitadamente cuando se cierren las puertas del ascensor y un juerguista bailará en una discoteca incluso aunque esté vacía y haga un poco el ridículo.

El habla

La acción más obvia y sencilla para un personaje en una historia es hablar. De hecho, existen historias con personajes que no deberían hablar pero hablan (los animales, los edificios, montañas, nubes, etc.)

Un personaje se define con el habla mediante tres aspectos: ¿Cuándo habla? ¿Cómo habla? Y ¿qué dice? Los personajes más silenciosos suelen tener una vida interior más activa, introvertidos. Los charlatanes contactan con los demás y suelen ser más extrovertidos. Si habla con acento o peculiaridades nos indicará si es de una zona o de otra, si su nivel cultural es alto o bajo, si tiene defectos de algún tipo o no. Por otra parte, el tono y ritmo de su discurso puede darnos a entender si está nervioso, tranquilo, aburrido, etc.

Finalmente, el contenido de lo que dice indica parte de su pensamiento.

Breve taxonomía de las acciones

La última frase nos da la pista a la idea de que existen acciones no vistas. El pensamiento es una de ella. Estas acciones se denominan internas. La acción visible es la acción externa.

Por ora parte podría ocurrir que la acción, aunque relativa a un personaje, sea efectuada por otro personaje. Es lo que se denomina la acción lateral y sirve de vínculo entre dos o más personajes. El típico caso es el del amigo que le echa el brazo por encima al otro. No sólo indica que el que realiza la acción es el amigo, el que recibe la acción también lo es. Esto es lo que se llama una acción lateral.

Finalmente, podríamos no narrar una acción aunque exista. Esta es la base para las elipsis.

Reacciones

Existe un tipo especial de acciones que son las que surgen como resultado de otra acción previa. Son las reacciones. Según el grado de efecto que provoque hablaríamos de gestos: una sonrisa ante la aparición de un conocido; posiciones: abrir los brazos cuando el equipo marca un tanto en algún deporte; o movimientos: huir cuando el personaje se encuentra en peligro.

Por todo lo demás, las reacciones son acciones.

Motivación

Finalmente, lo que no se muestra directamente nunca pero es todo lo que se quiere transmitir con las acciones anteriores es el motivo que lleva al personaje a hacer algo. Toda la caracterización surge de este único punto.


lunes, 19 de abril de 2010

Un pequeño vuelo

Como otras veces, voy a hacer un pequeño cambio de tema para descansar de tanta computación. Hoy hablaré de la estructura de las historias.

Las historias, cuando siguen la arquitrama, se dividen en tres actos. Comúnmente se llaman planteamiento, nudo y desenlace. Para comprender estos tres actos voy a asemejar la historia a un pequeño vuelo en avión.

Despegue

El primer acto sería el despegue. En el despegue, como en una historia, se empieza en tierra firme. Esta tierra firme es una zona conocida. No hay nada nuevo. Hay seguridad. Hay estabilidad. Por otra parte, se van sucediendo acciones que nos informan del nuevo entorno o de la nueva situación: los pasajeros van entrando en el avión, guardan sus bolsas, se sientan, los motores arrancan y el aparato empieza a moverse.

Todo esto nos está dando información anticipada de cómo va a ser el resto del vuelo o de la historia. Estamos viendo el avión, vemos a los asistentes de vuelo, miramos por la ventana.

Conforme se desarrolla el primer acto, se va adquiriendo más y más tensión. El despegue progresa aumentando la velocidad, el sonido y la vibración. Finalmente, ocurre un hecho. Un punto de inflexión que nos hace saber que estamos en una nueva situación definitivamente. Se acabó estar en tierra. Estamos volando.

Tanto en el despegue como en el primer acto de nuestra historia el punto de inflexión ha de ser claro y fuerte. No debe dar lugar a dudas.

Travesía

El segundo acto consiste en el disfrute (o sufrimiento) de la nueva situación. Como ocurre en los vuelos, el segundo acto suele ser bastante más largo que los otros dos y, asimismo, suelen ocurrir en él hechos clave.

El primero es la bienvenida a este nuevo mundo. En una historia aparece la figura del mentor o del maestro que guía al héroe. En el vuelo suele ser la voz del capitán dándonos información del vuelo o la campanilla que da permiso para desabrochar los cinturones. Esto hace que podamos empezar por una parte a disfrutar del vuelo algo más repantigados en el sillón o sentir añoranza por la tierra firme mirando por la ventanilla.

(Foto por Robert Campbell)

La travesía no es ni mucho menos sencilla. De hecho, con el tiempo las molestias se acrecientan. Igual pasa con la historia en la que hemos de ver que se acerca el final y nuestro héroe tiene cada vez más dificultades. Puede haber incluso turbulencias, momentos de gran tensión en los que no sabremos si acabaremos bien el viaje.

Otra parte fundamental del segundo acto es la consecución de un regalo u oportunidad que no se puede encontrar en otro sitio más que en la zona más profunda e inhóspita del vuelo: los duty free, la meticulosamente empaquetada comida del avión, las extrañas revistas de las compañías aéreas, quizá un periódico abandonado por algún pasajero anterior o, quién sabe, alguna persona atractiva que tengamos a la vista.

El segundo acto se acaba con otro momento que profundiza la crisis. De repente, sentimos una sensación de caída y el avión empieza a descender. No hay duda que el final de la historia está cerca y es inevitable. Este es otro punto de inflexión.

Aterrizaje

Conforme el avión baja y la historia progresa, aumenta el ruido en el exterior. Estamos entrando en capas de aire más denso. La gente empieza a ponerse algo más nerviosa. Todos saben que se acerca el momento del aterrizaje.

Los hechos del tercer acto son una cuesta abajo en la que el pasajero no tiene el control. Todo está ya dispuesto y las dificultades con las que se encuentra el héroe son tan insuperables que no le queda más remedio que afrontarlas.

Vuelven los vaivenes y turbulencias. Son conocidas, pero ahora estamos mucho más cerca de tierra. Se oye el tren de aterrizaje salir. El héroe cuenta con un arma. Se abren los flaps, los slats y la velocidad del avión baja. ¡Ahora que vemos el suelo amenazante! ¡Y baja la velocidad! Sube el morro del avión. Miras por la ventana y el suelo está ahí. El héroe se agarra al sillón y ¡llega el final! El clímax.

Entonces, todo ha salido bien. Estamos frenando. La gente está aliviada. En algunos vuelos incluso aplauden por la liberación de la tensión. Exactamente igual que la resolución de una historia. Después del clímax de la historia, que no debe ser muy largo, la resolución redondea la historia haciéndola volver al mundo conocido. Hemos tocado tierra. Tierra firme. Aunque la resolución no debe ser muy larga tampoco. Baste recordar con la velocidad con la que los pasajeros quieren salir del avión.

Fuera, nos llegan las primeras bocanadas de un aire nuevo. Hemos conseguido algo con el vuelo. El héroe es distinto ahora. El pasajero ha llegado a su destino.


martes, 9 de marzo de 2010

El alto modo mimético

Traduzco el primer párrafo de aquí para iniciar un nuevo tag en el blog: narrativa, que se unirá al de lenguaje natural.

Roger Zelazny, hablando de por qué le gustaba escribir ciencia ficción, alludía a la teoría de modos de Northrop Frye. Zelazny interpretaba que Frye describía los personajes de ficción de cuatro modos:

  • El modo mítico de historias sobre dioses.
  • El alto modo mimético de historias sobre héroes (personas mejores que meros humanos)
  • El bajo modo mimético de histrorias sobre personas normales.
  • El modo irónico de historias sobre personas peores que las normales (criminales, bufones)

[...] Zelazny decía que le gustaba la ciencia ficción porque le permitía escribir en modo mítico o alto mimético.

Estas reflexiones me han llevado a rememorar los distintos tipos de historias en función a su trama que leí hace tiempo aquí:

  • Arquitrama: El protagonista se enfrenta a dificultades y obtiene una recompensa al vencerlas. Nota bene: Todo lo que quieras saber de la arquitrama está en El camino del escritor y en El camino del héroe.
  • Antitrama: O no hay protagonista, o no hay dificultades, o no hay trama. Más información aquí.
  • Minitrama: Muchas pequeñas historias encadenadas.

Y a modo de mecanismo de serialización, dejo aquí una entrada de blog para su persistencia.